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El
destacado
crítico francés y gran conocedor de la literatura
hispanoamericana, Francis de Miomandre, ha escrito lo siguiente
en la sección "Lettres ibériques" de "Hommes
et Mondes":
He recibido
recientemente de Chile Los Surcos Inundados y Cortejo
y Epinicio de David Rosenmann-Taub. Estos dos libros poseen
una calidad y un acento totalmente excepcionales. No veo a nadie,
ni aun entre nosotros, que se atreva a abordar la expresión
poética con tanta desgarradora violencia. El dolor de vivir,
la desesperación y la amargura de las experiencias cotidianas,
la vanidad de todos los impulsos de amor hacia la creación,
la obsesión de la muerte inspiran, línea a línea,
este lirismo desbordante de ardor y abatido peregrinaje. Para
completar este retrato demasiado sumario, es preciso anotar la
participación de un humor y una fantasía casi delirantes...
Es como si la vigilia estuviera impregnada de una pesadilla, y
el poeta creyera que ésta es, justamente, la verdadera
realidad; y entonces, la existencia normal, en la que los demás
viven y se satisfacen, sería una ilusión de su optimismo
obstinado. Elohis que acechan a los Morlochs... como en el terrible
cuento de Wells... Sólo el amor, el amor mitad ternura
y mitad sensualidad, compensaría esta angustia orgánica;
pero ello no dura sino lo que el resplandor momentáneo
de su éxtasis y, en consecuencia, el poeta se ve de pronto
asido por la espantosa obsesión del "sarcasmo".
Pues bien,
tal es la magia del arte - cuando está unida a la sinceridad
- que la impresión última que se recibe de la lectura
de estos dos libros es la de la Belleza. David Rosenmann-Taub
es un auténtico poeta que vive en medio de un mundo en
el que cada apariencia está dotada de un sentido simbólico,
lo que lo hace, en cierto modo a pesar suyo, hermano de esas
innumerables
existencias, desde la de la oveja hasta la de la serpiente.
Poesía
comprometida, sí, poesía comprometida, sin duda.
Comprometida con la pena de vivir, comprometida con la solidaridad
del dolor. Escuchad este gemido:
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