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Ciudad
de México - El poeta chileno
David Rosenmann-Taub es considerado un mito viviente. Vive en
Estados Unidos alejado de los reflectores; es un enigma, como
su poesía. En Chile circula ya su último libro
publicado: País más allá (LOM, 2004).
¿El
poeta nace o se hace?

"En mi experiencia,
el poeta nace. Pero eso no basta. Una chispa es frágil:
hay que cuidarla", precisa Rosenmann-Taub, quien
dictó sus primeros poemas y aprendió a tocar piano a los dos años,
y quien planea publicar su libro inédito Opus Uno, con poemas que
compuso desde los dos hasta los 14 años de edad.
Su poesía, considerada críptica, fue forjada en su infancia. Cuando
nació, el 3 de mayo de 1927 en Santiago de Chile, su familia, de origen
polaco: Manuel Rosenmann, políglota y lector literario, y Dora Taub, pianista,
le infundió la pasión por el arte.
Su niñez y los recuerdos familiares están presentes a lo largo
de su trabajo artístico, tanto en su primer libro publicado, Cortejo
y Epinicio, escrito en los recreos escolares, como en País más
allá, donde funde su infancia con la de sus padres y la de sus abuelos.
¿Qué marca dejaron su madre y su padre
en su poesía?
"He sido muy afortunado. Sin la experiencia de mi padre y de mi madre, no
existo. Eran constante poesía en acción. No hablaban innecesariamente:
he podido constatar, con los años, que conmigo siempre hablaron con certeza.
No puedo decirle que recuerdo a mis padres, así como no recuerdo mis brazos.
Me considero la expresión de ellos: su testimonio. Eran una lección
de no-prejuicio. Pero mi padre me advirtió: "Por suerte y por desgracia,
algunos prejuicios son correctos, así que no tengas prejuicio contra los
prejuicios. Escúchalos y revísalos".
Desde su
niñez, Rosenmann-Taub fusionó su poesía con la
música, "como la fusión entre la carne y los huesos", dice. Considera
que un poema no sólo se expresa de forma escrita, sino plástica,
sonora, o musicalmente, por lo que suele elaborar partituras de sus poemas o
hacer poemas pianísticos.
Era yo
Dios y caminaba sin saberlo./ Eras oh, tú,
mi huerto, Dios y yo te amaba, escribió a
los 12 años el poeta, calificado por sus críticos
de místico.
En
su adolescencia estudió español en el Instituto Pedagógico
de la Universidad de Chile, donde también tomó cursos de ciencia
e idiomas y dio lecciones de piano y literatura para contribuir al sustento familiar.
"¿Qué función tiene la conciencia, si no tenemos curiosidad:
lo que llamamos necesidad de conocimiento científico? El punto es absorber
la experiencia. El arte es muy importante, pero es nada comparado a la experiencia
inmediata. No me dan inspiración los textos o pinturas o músicas
de otros; lo que me inspira es mi experiencia. La obra de los otros me puede
complacer, si reconozco proximidad o afinidad con algo que estaba buscando y
que puede estar allí más avanzado o más atrasado. Si no
está en mi experiencia, todo eso tiene un valor muy dudoso para mí".
¿Qué es
un poema?
"En un sentido literario: expresar, con exactitud, en su particular ritmo,
un conocimiento que me consta. Me sirvo de lo visible para alcanzar lo invisible.
Yo desnudo mi pensar. En un sentido trascendente, un poema es un objeto, o un
acto, bien hecho, útil y, por supuesto, positivo".
Usted
ha dicho que vivir es un desafío. ¿Escribir
poesía también lo es?
"Decir la verdad con precisión, con certeza, no mentir, como en una
investigación científica que ha llegado hasta sus últimas
consecuencias: eso es un desafío. Aceptar el desafío es el real
desafío. No veo diferencia entre ciencia y poesía. La función
del arte es expresar un conocimiento del modo más exacto posible; de lo
contrario no tiene función, ni destino. He venido al mundo a aprender.
Si no aprendo, soy menos que nada: asesino mi tiempo. Una cosa es saber una verdad,
que ya es mucho, casi una utopía y, a veces, una utopía completa.
Expresarla constituye el ámbito de la verdadera poesía".
Para Rosenmann-Taub,
1973 estuvo marcado por la fatalidad. Al golpe de Estado contra
Salvador Allende se sumó el hecho de que se le robara casi todo
su material poético (más de 5 mil páginas).
Si bien
no se explaya sobre su experiencia bajo la dictadura de Pinochet,
el poeta sí exige castigo para "los autores y los responsables
de los horrores que presencié durante el tiempo que me
tocó estar en Chile en esa época.
El también
autor de Los surcos inundados y Los despojos del sol: Ananda
primera, emigró hace 20 años a Estados Unidos, pero niega su
calidad de emigrante.
"La Tierra es una casa. Vivimos en una casa redonda. Ahora estoy en el comedor,
más tarde estaré en el dormitorio. ¿Emigré del comedor
al dormitorio? Estoy en la Tierra. No he emigrado".
Usted
ha dicho que escribir y pensar en lectores es traicionarse. ¿Para
quién escribe?
"Dígale lo mismo a un hombre de ciencia: '¿Para quiénes
hace usted la investigación?'. Cuando una mujer da a luz, ¿lo hace
para la sociedad? De igual modo, un artista da a luz su obra. Cuando escribo,
pienso en un lector, yo, que no tiene tiempo para perder tiempo."
¿Por qué es tan difícil
tener acceso a usted?
"Si yo fuera médico y tuviera muchos pacientes que están delicados
y que me necesitan con urgencia, me preguntaría: ' ¿Por qué es
tan difícil tener acceso a usted?'. Cuando tenemos acceso a una persona
que se dedica seriamente a una actividad, siempre la interrumpimos".
¿Qué le hace feliz? ¿Qué lo
horroriza?
"Dos contrastantes preguntas. Nacer y estar consciente es estar feliz, sí,
de suceder. Para poder estar feliz hay que olvidar el horror. Y, al sufrir el
horror, intentar retener la felicidad. ¿Ser feliz hoy, habiendo experimentado
un horror ayer? Felicidad y horror son, en la práctica, simultáneos.
La única felicidad que podemos tener es una horrenda felicidad: la de
saber algo, si es que se puede saber algo. Experimentar un horror, entrar en
la profundidad mayor de ese horror, es la felicidad de saber".
Rosenmann-Taub
asegura conocer mucho de México, "pero no su territorio";
califica de actual la obra de Alfonso Reyes, Mariano Azuela, Nezahualcóyotl,
y ha impartido conferencias sobre Sor Juana Inés de la Cruz.
"Juana Inés de la Cruz es uno de los mejores autores de Hispanoamérica.
Ella imita formalmente a Góngora, pero su dirección es otra en Primero
sueño. Góngora pretende plasticidad: el movimiento estático
de la naturaleza: crear un cuadro por medio de palabras. Juana Inés de
la Cruz pretende un cuadro conceptual. La imitación es estilística,
no de contenido. Ella es la continuadora de la cultura mexicana casi demolida
por la Conquista".
A Rosenmann-Taub le gustaría que su poesía fuera publicada en México.
Por ahora, puede solicitarse por internet a la editorial Lom www.lom.cl,
o leerse en la página www.davidronsenmann taub.com. Desde el 2000,
la fundación Corda, sin fines de lucro, se dedica a preservar y a difundir
su obra.
"Publicar
una obra es protegerla. Asocio México con Juana Inés
de la Cruz. Me satisface ser publicado en el lugar donde ella vivió. Primero
sueño empezó a ser apreciado por Vossler y Pfandl en el siglo
20. Y la publicación de toda su obra se debe, especialmente, a los esfuerzos
de Alfonso Méndez Plancarte. La evaluación de la trascendencia
de Primero sueño dista mucho todavía de lo que merece. ¿Usted
diría que esta obra es sólo para iniciados?"
Rosenmann-Taub prepara
actualmente la grabación de la lectura de País
más allá y revisa sus libros Poesiectomía, que
será publicado este año por Lom, y En un lugar de la sangre.
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