{"id":4672,"date":"2021-07-14T13:03:20","date_gmt":"2021-07-14T21:03:20","guid":{"rendered":"https:\/\/davidrosenmann-taub.com\/?page_id=4672"},"modified":"2021-07-15T20:39:29","modified_gmt":"2021-07-16T04:39:29","slug":"los-des-p-ojos-del-sol","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/davidrosenmann-taub.com\/es\/articles\/los-des-p-ojos-del-sol\/","title":{"rendered":"Los des (p) ojos del sol: un ensayo sobre la poes\u00eda de David Rosenmann-Taub"},"content":{"rendered":"<h2>Los des (p) ojos del sol:<br>\r\nun ensayo sobre la poes\u00eda de David Rosenmann-Taub<\/h2>\r\n<h3>Por Felipe Ruiz<\/h3>\r\n\r\n<p style=\"text-align:center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/images\/books\/bar_rust.jpg\" alt=\"alt\" width=\"400\" height=\"2\"><\/p>\r\n\r\n<p>La poes\u00eda de David Rosenmann-Taub puede sonar altisonante para un lector no iniciado. Domina en la voz de este poeta una curiosa textura vocal y un juego siempre vertiginoso con el lenguaje, juego en que a veces la redundancia, lo quiasm\u00e1tico, transforman cada poema en una pieza cr\u00edptica, digna de resoluci\u00f3n para un detective de la palabra. De los estudios sobre su obra, de los comentarios que obtenemos de \u00e9l destaca sobre todo el Mar\u00eda Nieves Alonso, aparecido en la edici\u00f3n de\u00a0<em>Cortejo y Epinicio<\/em>\u00a0a cargo de Lom. No podemos desde\u00f1ar este estudio, pues es quiz\u00e1s uno de los pocos que se ha aproximado de manera sistem\u00e1tica a la obra de Rosenmann - Taub y debemos\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/images\/books-2015\/Los-Despojos-200.jpg\" width=\"151\" height=\"200\" style=\"float:right; padding:4px 0 4px 4px\">agradecer su inter\u00e9s. Sin embargo, debemos reconocer que en el estudio de Alonso no encontramos una profundizaci\u00f3n espec\u00edfica en las tramas m\u00e1s esenciales de la poes\u00eda de Rosennman - Taub, teniendo en cuenta que esas tramas responden, ante todo, a una peculiar excursi\u00f3n filos\u00f3fica. Es por eso que se nos ha presentado como de suyo interesante aproximarnos de manera espec\u00edfica a la problematizaci\u00f3n, muy actual, de la poes\u00eda a partir del pensamiento, a partir de los rendimientos que el quid filos\u00f3fico puede extraer de la poes\u00eda y viceversa.<\/p>\r\n<p>Nos concentraremos, a lo largo de estas p\u00e1ginas, sobre todo en el despeje, en la dilucidaci\u00f3n de una obra capital de Rosennman - Taub:\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>. Nuestro inter\u00e9s en esta obra viene cruzado por una serie de antinomias. Primero, debemos tomar en cuenta que no se trata de un libro tan conocido como, por ejemplo,\u00a0<em>Cortejo y Epinicio<\/em>, quiz\u00e1s su obra m\u00e1s emblem\u00e1tica, pero tampoco posee la envergadura, en cuanto a su dise\u00f1o y a su ambici\u00f3n, de\u00a0<em>Pa\u00eds M\u00e1s All\u00e1<\/em>. En ese entendido, estamos conscientes de que nuestro inter\u00e9s en\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>\u00a0proviene de una inquietud que deviene de una mesura interrogativa que liga por una parte la desconfianza de la cr\u00edtica frente a la obra de Rosenmann - Taub y por otra el total desconocimiento, o el relativo desconocimiento, a lo menos, de\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>. Teniendo en claro dichas salvedades, esperamos que este ensayo permita a lo menos esclarecer, abrir ciertos proleg\u00f3menos en torno a la enigm\u00e1tica poes\u00eda de este autor chileno.<\/p>\r\n    \r\n<h3>I<\/h3>\r\n<p>Lo primero es tener en cuenta una primera aproximaci\u00f3n a la obra de Rosenmann - Taub. Esta ya la hab\u00edamos realizado a partir del an\u00e1lisis de\u00a0<em>El cielo en la fuente, La ma\u00f1ana eterna<\/em>, en una peque\u00f1a cr\u00edtica aparecida en la revista\u00a0<em>Rocinante<\/em>. Sin que sea objeto de este ensayo prolongar la discusi\u00f3n sobre ese texto, ser\u00eda bueno que hici\u00e9ramos desde ya algunos alcances aclaratorios con respecto a esa obra.<\/p>\r\n<p><em>El cielo en la fuente<\/em>, antes que todo, remite a la condici\u00f3n de objeto\/ reflejo del cielo en la fuente y la fuente en el cielo. Condici\u00f3n primaria, especular, que liga tanto a uno como otro elemento, debemos considerar dicho reflejo como una condici\u00f3n a lo menos liminar de la experiencia de lo sagrado: lo sagrado y la eternidad son reflejada en la superficie espejeante de la fuente, y es a condici\u00f3n de ese reflejo, que procede la encarnaci\u00f3n. Recordamos para estos efectos algunos versos de<em>\u00a0Four Quartets<\/em>, de T.S Eliot, donde tambi\u00e9n nos encontramos con el lugar privilegiado para la fuente, como dimensi\u00f3n metaf\u00edsica, como punto de reuni\u00f3n de la morada celeste con los mortales. Algunas observaciones al margen, podr\u00edan reconocer en esta fuente una figura s\u00edmil a la copa de los dioses que, en Heidegger, marca tambi\u00e9n precisamente ese punto de reuni\u00f3n entre los dioses y los hombres. Cielo y tierra, entonces, en su dimensi\u00f3n de encuentro, hayan en la fuente un punto de comuni\u00f3n que proyecta el espacio del uno sobre el tiempo del otro. Como proceso mismo de la encarnaci\u00f3n, el cielo en la fuente proyecta sobre el hombre la figura salv\u00edfica, no necesariamente cristiana, aunque s\u00ed mitopoy\u00e9tica, que entronca entonces con la pregunta espec\u00edfica por el qui\u00e9n de la encarnaci\u00f3n.<\/p>\r\n<p>Si la encarnaci\u00f3n, entonces, se da como proceso de reuni\u00f3n en\u00a0<em>El cielo en la fuente<\/em>\u00a0la pregunta por el qui\u00e9n espec\u00edfico de la encarnaci\u00f3n aflora en su real dimensi\u00f3n: por una parte, debemos admitir que el cristianismo asume que la encarnaci\u00f3n ya tuvo lugar en Occidente, y que un re - torno de ella s\u00f3lo ser\u00eda posible como armaged\u00f3n o final de los tiempos. Sin embargo, aqu\u00ed Rosenmann - Taub procura un desliz peculiar para especificar el rango de esa encarnaci\u00f3n en una figura femenina, a la que da el nombre de Jesusa. Jesusa ser\u00eda el sujeto de esta encarnaci\u00f3n inici\u00e1tica y su viaje a lo largo del proceso de retroproyecci\u00f3n sobre el cielo ser\u00eda la tem\u00e1tica central de\u00a0<em>El cielo en la fuente<\/em>. Es por eso que esta se ve engendrada a partir de la comunicaci\u00f3n, siempre dislocada, siempre disonante, de un \u00e9l - ella, que ser\u00edan el lugar propio de la duplicidad:<\/p>\r\n\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>Demasiada garfiada en dos palancas<br>\r\nAcechas la ceniza<br>\r\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;- mi coraz\u00f3n - grit\u00f3.<\/strong><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>La sombra de las clavenillas.<\/strong><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>Tres<br>\r\nY dos,<br>\r\nY dos para tres.<\/strong><\/p>\r\n\r\n<p>El proceso de triplificaci\u00f3n de la experiencia encarnatoria, el triunvirato inici\u00e1tico de dicha experiencia, ser\u00eda el lugar propio que\u00a0<em>El cielo en la fuente<\/em>\u00a0busca instalar. Para esto, evidentemente, se ci\u00f1e al formato b\u00edblico, pero donde debemos siempre encontrar una factura tambi\u00e9n epocal: pues lo que trasunta la experiencia de la triplificaci\u00f3n es siempre, en la trinidad, el rango epocal por el que Occidente atraviesa como manifestaci\u00f3n hist\u00f3rica de las tres met\u00e1foras de su cultura: el padre, el hijo, el esp\u00edritu santo. De all\u00ed, en efecto, que Jesusa pueda retroproyectar sobre la dimensi\u00f3n del cielo la figura eclosionante de una suerte de nueva encarnaci\u00f3n, de segundo descenso. Pese a que dicha experiencia pasa, hasta el momento, nada m\u00e1s que por una experiencia po\u00e9tica, la necesidad de preguntarse por la posibilidad de una encarnaci\u00f3n nueva s\u00f3lo aparece como problema a partir de la reciente din\u00e1mica de Occidente.<\/p>\r\n<p>De all\u00ed, en efecto, es decir, a partir de esa din\u00e1mica es de donde surge por la posibilidad de una experiencia que trasciende el eje de la temporalidad aristot\u00e9lica que rige a Occidente por un tipo nuevo de dimensi\u00f3n temporal para la que no estamos moral ni mortalmente preparados: ser\u00eda dicha experiencia la que ensaya\u00a0<em>La ma\u00f1ana eterna<\/em>. Dimensi\u00f3n del amanecer, que es esta vez, claramente, explorada por la posibilidad de que se trascienda la noche, de que la noche, en su dimensi\u00f3n m\u00edtica, pero tambi\u00e9n en su necesidad, llegue a su fin. El amanecer, entonces, viene a prefigurar la experiencia de una nueva relaci\u00f3n con el tiempo dada, claramente, por el encuentro con esta segunda encarnaci\u00f3n, que vendr\u00eda esta vez a aclarar el rango espec\u00edfico en que, seg\u00fan Derrida, tanto cristianos como jud\u00edos aguardan en el reencuentro. Ma\u00f1ana eterna que vendr\u00eda a instalarse, entonces, a lo largo de un d\u00eda, o, mejor dicho\u00a0<em>alrededor\u00a0<\/em>del d\u00eda, merode\u00e1ndolo, sin llegar nunca a su mitad ni a su declive. Es claro que por eso mismo Rosenmann - Taub ha designado para este poema la figura emblem\u00e1tica de Pedrito, en juego claro al fundador de la Iglesia, para signar al sujeto en el que se encarnar\u00eda dicha promesa.<\/p>\r\n<p>\u00bfPero es, en efecto, esta una promesa de redenci\u00f3n? La pregunta por la redenci\u00f3n, por la posibilidad de algo semejante como la redenci\u00f3n, excede los l\u00edmites de este ensayo. Por lo pronto, solo podemos aclarar que, de entrada, dicha posibilidad se encuentra tan s\u00f3lo en el horizonte de una experiencia que excede con creces el problema mismo de Occidente y su historia, y que por lo mismo exige un rango epocal para lo que un concepto como globalizaci\u00f3n ser\u00eda del todo pertinente.<\/p>\r\n<p>Conform\u00e9monos con el juego l\u00facido de Rosemann - Taub y confi\u00e9monos a la dimensi\u00f3n oracular de la propia poes\u00eda: Pedrito, este diminutivo podr\u00eda reflejar doblemente un trasunto que viene, por una parte, a explicitar el lugar l\u00fadico del poema que ya en Jesusa ven\u00eda anunciado, como por otra parte a experienciar el rango infantil de\u00a0<em>La ma\u00f1ana eterna<\/em>, rango infantil, o dimensi\u00f3n de infancia sobre la que los sujetos se refugiar\u00eda y sobre la que recae todo el peso de la responsabilidad mesi\u00e1nica:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>Derrumbe de antifaces.<br>\r\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;- \u00a1Vamos! - Cerca...-.<br>\r\nPedrito atrapa<br>\r\nMis manos: en su pecho.<br>\r\nZafiros<br>\r\nHacia la calle de las Albas Negras.<br>\r\nHeroicas ruinas<br>\r\nEncaprichadas<br>\r\nDesde el invierno:<br>\r\nCelda de nogales.<\/strong><\/p>\r\n\r\n<h3>II<\/h3>\r\n<p>Hasta aqu\u00ed con nuestro<em>\u00a0racconto<\/em>. Hemos visto, por una parte, que la dimensi\u00f3n especular de\u00a0<em>El cielo en la fuente<\/em>\u00a0remite, por una parte, a una figura encarnatoria que encontrar\u00eda en\u00a0<em>La ma\u00f1ana eterna<\/em>\u00a0su continuaci\u00f3n l\u00f3gica. Sin embargo, preguntamos ahora \u00bfqu\u00e9 mecanismos podr\u00eda augurar, si quiera tramar la posibilidad de que el juego entre m\u00edtico y fant\u00e1stico de ambos poemarios pudiera ser algo as\u00ed como una promesa epocal? All\u00ed es donde tocamos el coraz\u00f3n de\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>. Poemario denso, cr\u00edptico, de una destreza vocal \u00fanica, de entrada nos abre la pregunta acerca de la posibilidad que ti\u00f1e ya a los poemarios anteriores.<\/p>\r\n<p>Partamos por el t\u00edtulo. Debemos signar aqu\u00ed nuevamente el proceso por el que la met\u00e1fora de la luz ha sido pensada desde Plat\u00f3n. Recordamos la Alegor\u00eda de la Caverna y sabemos de entrada que la Ous\u00eda es una dimensi\u00f3n espec\u00edfica de la claridad, y que dicha claridad est\u00e1 reservada para aquellos pocos que consigan asir fielmente la radicalidad del fen\u00f3meno. Es, en efecto, el fen\u00f3meno, lo puesto a la luz, lo que est\u00e1 por su irisdencia en el rango de una supremac\u00eda ontol\u00f3gica sobre la dimensi\u00f3n de la sombra, de un mundo numismoso. Por esa claridad del des - cubrir, por esa posibilidad de apertura es que todo aquello desnudo en la met\u00e1fora de la luz queda impregnado por la gracia, esencialmente po\u00e9tica, de lo diurno. Es, en definitiva, la diurnidad del mundo, la deferencia del mundo para con los hombres justos lo que vuelve a la claridad una dimensi\u00f3n de vista, de visi\u00f3n o de facultad de mirada sobre los fen\u00f3menos.<\/p>\r\n<p>Bajo esta r\u00fabrica es que podemos ubicar toda una forma de violencia que se oculta, seg\u00fan Levinas, en este locus que, desde Plat\u00f3n, habr\u00eda impelido la historia de la metaf\u00edsica. Dicho locus, que en definitiva gobierna el dominio de la comprensividad del fen\u00f3meno, se vuelve violencia hacia el otro, violencia hacia lo Otro que ser\u00eda absorbido por la violencia de dominaci\u00f3n del Logos. Logos, en definitiva, que busca conocer, o cuya facultad de conocer llevar\u00eda acabo la absorci\u00f3n de la alteridad.<\/p>\r\n<p>En esta discusi\u00f3n, de entrada\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>\u00a0nos remite a una dimensi\u00f3n cuasi perdida del mundo de la luz. Esta dimensi\u00f3n nos habla de un resto, de un excedente de sentido, que es lo que queda fuera de la iridiscencia redentora de la luz. Lo queda fuera de la luz, lo que, en definitiva, no se ofrece a la visi\u00f3n ni a la facultad de la diurnidad, es de lo nos habla\u00a0<em>Los despojos<\/em>. Lo despojado, o el resto espurio, quedando fuera, se transforma en elocuente miseria y en vez siniestro de la diurnidad, su otro oscuro. Contra \u00e9sta, en definitiva, lo otro aparece como mundo eclipsado, como mundo de oscuridad, que constri\u00f1e la mirada y la reenv\u00eda al ocaso siempre perenne de la tarde.<\/p>\r\n<p>Toda una constelaci\u00f3n de im\u00e1genes y colores resuena entonces en esta prefiguraci\u00f3n noct\u00e1mbula. El color caoba de una tarde, lo crepuscular del sol de atardecida, y lo arrebolado de un cosmos donde el logos no se ofrece como ma\u00f1ana, como lo hab\u00edas visto anteriormente, sino como ca\u00edda o reca\u00edda en la sombra del atardecer.\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>\u00a0nos habla, en otras palabras, de un desgarro fundamental de La rep\u00fablica plat\u00f3nica donde existir\u00edan sujetos cuya dimensi\u00f3n ser\u00eda la de ser escoria o resto de un mundo de iridiscencia. Ahora bien, este resto, \u00bfqu\u00e9 viene a decirnos? Qu\u00e9 viene a ejemplificar? En su rasgo epocal, este resto asume la condici\u00f3n de un tercero, un lugar que, a decir de Pablo Oyarz\u00fan, remite a la posici\u00f3n del testigo. Testigo que se hace parte del juego de complejas tramas de sentido a partir de la imagen, siempre deslocalizada, del rat\u00f3n. Juego, entonces, por el que el origen pr\u00edstino al que estar\u00eda remitiendo La rep\u00fablica es revertido, devuelto a su calidad siempre original de promesa. Repetimos, en su rasgo epocal, dicho juego est\u00e1 representado por la comunidad descolizada, pero que prefigura una suerte de &ldquo;marginalidad&rdquo;, que ser\u00edan aquellos que quedan fuera o que sustentan un lugar distinto de ser el centro constitutivo del republicanismo.<\/p>\r\n<p>Retenidos en esta dimensi\u00f3n, el poemario se nos abre en dos anandas, nombradas sucesivamente como primera y segunda. Si la primera tematiza de manera m\u00e1s concienzuda el proceso mismo de explosi\u00f3n o de invasi\u00f3n por lo que, los despojados, ingresan en La rep\u00fablica, la segunda m\u00e1s bien busca entroncar con la posibilidad de una reuni\u00f3n entre mundo po\u00e9tico y mundo hist\u00f3rico:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>Unidos y cubiertos por el amanecer<br>\r\nAgonizan los p\u00e9talos m\u00e1s desatados de la playa m\u00e1s<br>\r\nExtrema<br>\r\n\u00a1Refugios!<br>\r\nSe agrietar\u00e1n, saetar\u00e1n la alegr\u00eda<br>\r\nSe incrustar\u00e1n en el ocaso.<br>\r\nLa flor, completa, poderosa de escoria,<br>\r\nPalpitante duna, suceder\u00e1<br>\r\n\u00a1y c\u00f3mo brillar\u00e1n en mi lengua los oc\u00e9anos!<\/strong><\/p>\r\n<p>El poeta se hace cargo a conciencia de la dimensi\u00f3n prof\u00e9tica de su poetizar: el poema nos habla en un futuro perfecto de lo que ocurrir\u00e1.\u00a0<em>Unidos y cubiertos por el amanecer<\/em>: reminiscencia de una situaci\u00f3n por la que los sujetos, entregados al desamparo de ser sujetos \"despojados\", se encuentran en las sombras de una noche sin estrellas. Sombra que, sin embargo, los mantiene en ascuas, los mantiene unidos, siempre a la espera de una repentina aparici\u00f3n. Hay que entender que la dimensi\u00f3n bellamente metaf\u00edsica de este verso nos mantiene atentos a una b\u00fasqueda, m\u00e1s bien discreta, de conocimiento, pues siempre nos mantenemos en un plano donde no nombramos directamente aquello a lo que nos referimos. Si este no nombrar puede expresar una \"met\u00e1fora\", si este nombrar es \"metaf\u00f3rico\", tanto m\u00e1s da. Lo importante de destacar es que a expensas de esa met\u00e1fora se nombra de manera evidente el ciclo de la naturaleza como espacio de conocimiento social y como v\u00ednculo con el pensamiento que ya comienza a pensar desde lo global.<\/p>\r\n<p>En este sentido es que irrumpir\u00e1n los despojados, irrumpir\u00e1n de manera tal que el amanecer, que el exceso de luz, quedar\u00e1 atr\u00e1s para dar paso una irrupci\u00f3n cuyo destino ser\u00e1 una promesa de reconcilaci\u00f3n. Estos despojados son nombrados como p\u00e9talos. Posteriormente, esos p\u00e9talos ser\u00e1n los de la rosa. La rosa viene aqu\u00ed a expresar el contenido manifiesto de la herida dolorosa por la que el estalla el mundo. La rosa es, en definitiva, el dolor mismo, y ese dolor experimentado antes que todo como dolor maternal, como dolor de parto, viene a expresar aqu\u00ed el contenido latente de una hendidura, de una encentadura en el plexo social. De all\u00ed, en efecto que estos p\u00e9talos<em>\u00a0se agrietar\u00e1n, saetar\u00e1n la alegr\u00eda<\/em>, como expresi\u00f3n de un dolor que, convertido en promesa de \u00bfredenci\u00f3n? Encontrar\u00e1 paz en la alegr\u00eda. Esa alegr\u00eda, que es a su vez alegr\u00eda en el dolor, se incrusta en el ocaso.<\/p>\r\n<p>De all\u00ed, en efecto, que podamos ver doblemente que tanto amanecer como ocaso reflejan las dos polaridades por los que estos p\u00e9talos aparecen. Su color es el color de la tarde, pues aparecieron cubiertos por el amanecer. Los despojados del sol, entonces, se incrustan en la tarde y en la tarde hacen su aparecer.<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>La flor, completa, poderosa de escoria,<br>\r\nPalpitante duna, suceder\u00e1.<\/strong><\/p>\r\n<p>Nuevamente la remisi\u00f3n a la flor, que ya hemos identificado como rosa dolorosa, se conecta con una conciencia prof\u00e9tica, conciencia que no apacigua el canto del poeta pero que si aumenta su capacidad de visi\u00f3n. Los despojados del sol aparecen como escoria que sin embargo produce poder. Poder del residuo, poder de lo inmundo, poder de los dejados fuera del mundo de la luz, estos completar\u00e1n la flor. Estando la flor completa,\u00a0<em>palpitante<\/em>, se abrigar\u00e1n una voz que haga nombrar a los despojados, que los nombre en la tierra. Hay que conectar aqu\u00ed este nombrar con una dimensi\u00f3n intra hist\u00f3rica. Los despojados son, en definitiva, los testigos, los que siempre han sido pensados como despojados en su situaci\u00f3n experiencial como sujetos residuales, marginales, que en este poema, de profund\u00edsimo contenido social, adquiere la voz de la rosa. La rosa nombra a los despojados.<\/p>\r\n<p>De all\u00ed, entonces, que uno de los poemas centrales del libro se llame manjar. Manjar, en definitiva, que agrega a los colores de la tarde el color de la escoria. El color de la es, el color que aparece donde \"algo huele mal\". Manjar que se ti\u00f1e, en su dimensi\u00f3n m\u00e1s alocada, de la tarde misma, y que aplica sobre ella un efecto de dulzura. Pues la tarde y el dolor de la rosa aparecen entonces como momentos dulces, como ambros\u00edas que deleitan y sacian al poeta:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>Endibias<br>\r\n&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;- prisa<br>\r\ngrave -<br>\r\ndan comienzo<br>\r\na la voracidad: gozan su modo<br>\r\nde asumir mi saliva.<br>\r\nSe nutren: flagelante<br>\r\nConstancia. Tentaleo<br>\r\nLos vientres del granero, fondo a fondo.<\/strong><\/p>\r\n<p>La voracidad de la rosa palpitante llaman la atenci\u00f3n del poeta: completa, ella devora e ingresa en el mundo luminoso como resto despojado. Habr\u00e1 aqu\u00ed que hacer un gui\u00f1o nuevamente a Plat\u00f3n, y preguntar si acaso la expulsi\u00f3n de los poetas de La rep\u00fablica no estar\u00eda siendo aqu\u00ed tambi\u00e9n tematizada de manera soterrada. Si es que\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>, en definitiva, no podr\u00edan tambi\u00e9n pensarse como los mismos poetas. Algo as\u00ed nos insin\u00faa Rosenmann - Taub cuando nos habla de \"su\" saliva. Saliva del poeta, que se presta tambi\u00e9n, admitimos la tentaci\u00f3n, de pensarse como el manjar que nombra anteriormente.<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><strong>\u00a1maduro esti\u00e9rcol para siempre hermoso!<\/strong><\/p>\r\n<p>Ning\u00fan verso probablemente sea m\u00e1s exacto, en consecuencia, para nombrar dicho manjar que el que acabamos de citar. No solamente porque all\u00ed se habla de manera evidente y casi sin rodeos sobre el resto espurio que la ma\u00f1ana busca olvidar, sino porque se da nuevamente a la dimensi\u00f3n de la escoria esta ambivalencia por la que aparece bajo el perfil de lo bello, nombrado como lo hermoso. Lo hermoso del esti\u00e9rcol vuelve a relacionarnos con la dulzura del manjar, manjar que es dulce pero que, a su vez, proviene de la escoria. La rosa palpitante tiene as\u00ed el color de la tarde que es a su vez asimilado al color del esti\u00e9rcol. En la escoria del mundo, en definitiva, suceder\u00e1 el mundo nuevo.<\/p>\r\n\r\n<h3>III<\/h3>\r\n<p>Hemos podido tematizar de manera envolvente alguno de los t\u00f3picos centrales de la po\u00e9tica de Rosenmann - Taub dibujada en\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>. El estudio preliminar de Maria Nieves Alonso coincide con nuestras apreciaciones al prefigurar en esta po\u00e9tica una hermen\u00e9utica del dolor. Dolor que se hace manifiesto a partir del sentimiento de desgracia sobre el que recae el despojo y los despojados, pero que es, a su vez, la fuente de una germinaci\u00f3n nueva, de un nuevo decir.<\/p>\r\n<p>Aproximaciones meridionales nos acercan, ahora, a la configuraci\u00f3n inicial que da nombre a este ensayo.\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>\u00a0nos habla de un mundo eclipsado, de un mundo que habr\u00eda perdido su capacidad de relacionarse con la poes\u00eda como visi\u00f3n, o donde la po\u00e9tica habr\u00eda sido ya pensada como un campo obturado por el ocaso de una \u00f3ptica. Esta prefiguraci\u00f3n se haya tematizada de manera soterrada en\u00a0<em>Los despojos del sol<\/em>, a manera de movimiento especular. Por una parte, evidenciamos la construcci\u00f3n de una po\u00e9tica de lo despojado a partir de la eclosi\u00f3n de la escoria y la palpitaci\u00f3n de la rosa. Por otra, debemos admitir que dicho enjundio proviene fundamentalmente de una episteme, de una cosmovisi\u00f3n que piensa la realidad y el fen\u00f3meno como momentos eclipsados de experiencia.<\/p>\r\n<p>Se hace necesario, entonces, retomar una pregunta cr\u00edtica fundamental y clave a la hora de enfrentarse tanto a este como a otros textos po\u00e9ticos. \u00bfEs suficiente una tematizaci\u00f3n de la poes\u00eda desde la escucha? \u00bfEs la escucha la fuente esencial del decir po\u00e9tico? Preguntas que abren nuevas inquietudes respecto al predominio de lo vocal por sobre lo visual, dicho entramado nos reenv\u00eda al quid que pregunta por la conciencia po\u00e9tica, por la vocaci\u00f3n fundamentalmente pl\u00e1stica de la poes\u00eda. En gran medida, debemos destacar que el predomino de una\u00a0<em>literatura po\u00e9tica<\/em>\u00a0a lo largo del Siglo XX constri\u00f1\u00f3 cualquier intento aproximativo de rendimientos filos\u00f3ficos de una visi\u00f3n que funcion\u00f3 y funciona en torno a referentes de prensa y escuelas. Son estas dos \u00faltimas manifestaciones culturales, en efecto, las que ti\u00f1en el cuerpo del pensamiento sobre lo po\u00e9tico como un movimiento vinculado esencialmente al cuerpo de la letra, al cuerpo de una tradici\u00f3n l\u00edrica. Si la l\u00edrica, en efecto, sirve de momento incrustrador de la poes\u00eda\u00a0<em>en<\/em>\u00a0la literatura la fractura epocal que viene del surgimiento de nuevas tecnolog\u00edas de la imagen han ligado nuevamente la poes\u00eda a reg\u00edmenes art\u00edsticos cercanos a la visualidad.<\/p>\r\n<p>Es palpable y evidente que estas tecnolog\u00edas de la imagen han servido de insumos materiales para la creaci\u00f3n de la as\u00ed llamada\u00a0<em>poes\u00eda concreta<\/em>, o la\u00a0<em>poes\u00eda visual<\/em>. Sin embargo, movimientos paralelos como el objetivismo o el imaginismo prefiguran una aleaci\u00f3n de la poes\u00eda en su forma tradicional con componentes de la est\u00e9tica y la pl\u00e1stica. Es as\u00ed como, durante la segunda mitad del Siglo XX, se vienen desarrollando una ser\u00eda de manifestaciones culturales que ci\u00f1en el movimiento de la poes\u00eda a una reconciliaci\u00f3n mucho m\u00e1s imbricada con la visualidad. La distribuci\u00f3n del orden de las palabras en la p\u00e1gina, el uso imaginativo de los silencios, los espacios, el empleo de dibujos o fotograf\u00edas, han requerido prefigurar una nueva dimensi\u00f3n de la poes\u00eda.<\/p>\r\n<p>Para esa nueva dimensi\u00f3n, necesariamente, es necesario rearmarse de nuevos componentes cr\u00edticos para los que necesariamente la episteme literaria - de fuerte sensibilidad novelesca -, no se haya preparada. Es necesario retomar una comprensividad desde la fuente griega misma, es decir, desde la propia naturaleza de la poyesis, para dar cuenta de nuevas necesidades.<\/p>\r\n<p>Es menester entonces retomar el hilo de un pensamiento que abriga nuevas posibilidades de enunciaci\u00f3n a partir de la propia poes\u00eda. Pues la compresividad de la poes\u00eda es, a su vez, requerida por el pensamiento, es decir, tanto como la poes\u00eda solicita al pensamiento insumos de cr\u00edtica, el pensamiento requiere de la poes\u00eda para dar cuenta de una episteme que, con mayor insistencia, se ha vuelto obsesivamente cuestionadota de los l\u00edmites de la metaf\u00edsica.<\/p>\r\n<p>Si la poes\u00eda puede entregar la voluntad de un pensamiento que se muestra como superaci\u00f3n de la metaf\u00edsica, o si el rango epocal de la metaf\u00edsica, encuentra, en la poes\u00eda, una piedra de toque, es necesario que en un movimiento especular tanto poes\u00eda como pensamiento subviertan la voluntad divisora, o superen, en definitiva, el momento por el cual ambos aparecen como formas divididas de episteme.<\/p>\r\n<p>Para ellos es necesario recomprender la poes\u00eda desde un rango de visualidad. Si la trama po\u00e9tica es, por esencia, visual, si la poes\u00eda es visualidad, no debemos m\u00e1s que mostrarnos objetantes de una est\u00e9tica de la ceguera, a la que nos hemos visto obligados a acceder en este ensayo sobre los des (o) ojos del sol. Esta est\u00e9tica de la ceguera mina la capacidad de comprender manifestaciones po\u00e9ticas del todo novedosas, del todo asimiladas a los<em>\u00a0novum sensoriums<\/em>\u00a0de una sociedad audiovisual. Tema para otro ensayo ser\u00eda ligar esta productividad po\u00e9tica a una nueva relaci\u00f3n de la poes\u00eda con la t\u00e9cnica. Por ahora, basta con desfondar el suelo f\u00e9rtil donde la poes\u00eda fue pensada como manifestaci\u00f3n literaria, o como reducci\u00f3n al \"g\u00e9nero\", tal y como la novela o el teatro.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Los des (p) ojos del sol: un ensayo sobre la poes\u00eda de David Rosenmann-Taub Por Felipe Ruiz La poes\u00eda de David Rosenmann-Taub puede sonar altisonante para un lector no iniciado. 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