{"id":501,"date":"2015-02-15T22:46:28","date_gmt":"2015-02-16T06:46:28","guid":{"rendered":"http:\/\/dff-monolith.com\/?page_id=501"},"modified":"2016-06-06T15:52:22","modified_gmt":"2016-06-06T23:52:22","slug":"article19-los-surcos-inundados","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/davidrosenmann-taub.com\/es\/articles\/article19-los-surcos-inundados\/","title":{"rendered":"Los Surcos Inundados por Miguel Arteche"},"content":{"rendered":"<p class=\"centered-quote\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/images\/books\/elmercblk.gif\" alt=\"alt\" width=\"175\" height=\"22\"><br \/>\r\n  Santiago de Chile<br \/>\r\n  29 marzo 1953<\/p>\r\n<h1>Los Surcos Inundados<br \/>\r\n  David Rosenmann-Taub<\/h1>\r\n<h2>Editorial Cruz del Sur<\/h2>\r\n<h2>Por Miguel Arteche<\/h2>\r\n<p style=\"text-align:center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" src=\"\/images\/books\/bar_rust.jpg\" alt=\"alt\" width=\"400\" height=\"2\"><\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\"><em>Los Surcos Inundados<\/em>, segundo libro de David Rosenmann-Taub, es algo m&aacute;s que una promesa en al &aacute;mbito de nuestra generaci&oacute;n. Pocas veces he visto una voz que trajera m&aacute;s riqueza entra&ntilde;able de verdadera poes&iacute;a &ndash; y muy contempor&aacute;nea &ndash; como la de Rosenmann-Taub. Por fin, y ya era hora, en esta poes&iacute;a no se persigue la novedad por la novedad.<\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\"><em>Los Surcos Inundados<\/em> trae algo un poco desconocido en nuestra joven poes&iacute;a: la conciencia de oficio. Escribir en estado de alucinaci&oacute;n fue algo muy entretenido en cierto tiempo; con ello se justificaron muchas tonter&iacute;as. Con escribir renglones sueltos y lanzar aullidos incoherentes, todo estaba listo. O pensaban: alguien escribi&oacute; verso libre; eso tambi&eacute;n lo hago yo, y es f&aacute;cil. O: alguien invent&oacute; esa dichosa escala de sonidos &ndash; la de doce &ndash; y aqu&iacute; est&aacute; mi oportunidad. Maestro con genio, y disc&iacute;pulos encargados de desprestigiar al maestro. As&iacute; ha sido y as&iacute; ser&aacute;. Detr&aacute;s de las enormes posibilidades para los aut&eacute;nticos artistas, que abrieron, por ejemplo, la escuela de Viena, en m&uacute;sica, y el superrealismo, se escondieron legiones de ineptos y de estafadores.<\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">Rosenmann-Taub no regresa a ninguna parte. Conoce su personal t&eacute;cnica, sabe la t&eacute;cnica del oficio y, lo m&aacute;s importante, con esas dos direcciones dominadas escribe una extra&ntilde;a, conmovedora poes&iacute;a. Un an&aacute;lisis a fondo del libro descubrir&iacute;a el dominio de la adjetivaci&oacute;n, la maestr&iacute;a en la t&eacute;cnica del verso: pi&eacute;nsese en la variaci&oacute;n m&eacute;trica de sus poemas, en la creaci&oacute;n de palabras, en la riqueza de un vocabulario que le pertenece y que usa con familiaridad, sin que se vea detr&aacute;s de &eacute;l lo libresco.<\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">Sin embargo, entre la exacta, dura arquitectura de su poes&iacute;a, flota un mundo primario, de seres elementales, no a la manera de hombres esbeltos, f&uacute;lgidos, de un para&iacute;so pasado o futuro, sino con toda la fuerza y calidez, la amargura y el desencanto de unos habitantes de cualquier ciudad moderna. De ellos brota un furioso debatir, un sue&ntilde;o interrumpido, un mundo de semipesadilla, que no excluye, en ocasiones, el toque, el filo de la ternura y de la tranquilidad egl&oacute;gica. Los &uacute;ltimos poemas de Rosenmann-Taub insisten en el tema amoroso, nunca mon&oacute;tono, tratado siempre con consumado dominio t&eacute;cnico. Pero el centro bullidor de esta poes&iacute;a es el se&ntilde;alado; porque desde all&iacute; ha salido todo su extra&ntilde;o arte y porque esta poes&iacute;a que, en l&iacute;neas generales, no ha evolucionado mayormente &ndash; y no importa que lo haga, aunque ciertas gentes crean que el poeta deba estar siempre en un continuo cambio tem&aacute;tico &ndash; tiene su principio en ese mundo informe, de muerte, de desolaci&oacute;n, de tr&aacute;gica ternura, de una alegr&iacute;a mezclada con iron&iacute;a, con amarga iron&iacute;a. Mundo compuesto de amor, de resonar primitivo, de acezar furioso.<\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">La \"<em>Segunda sonata<\/em>\", que da fin al libro, encierra uno de los mejores y m&aacute;s extraordinarios momentos de David Rosenmann-Taub. Es indudable el proceso de divisi&oacute;n en tiempos &ndash; las tres partes tituladas \"<em>P&oacute;rtico<\/em>\",&nbsp;<em><a href=\"\/es\/books\/los-surcos-inundados\/\">\"Abismo\"<\/a><\/em>, \"<em>R&eacute;quiem<\/em>\", no poseen, naturalmente, la misma fuerza, la misma tensi&oacute;n dram&aacute;tica que Rosenmann-Taub ha impuesto al poema. La manera de tratar esa divisi&oacute;n esta indicando una cercan&iacute;a con la t&eacute;cnica musical. Enti&eacute;ndase bien: no se trata de poes&iacute;a musical, cosa absurda que algunos creen que existe, sino simplemente de cercan&iacute;a exterior con la forma de la sonata. Esto puede verse desde el t&iacute;tulo. Pero es en el fondo del poema, en el mundo que crea el lector de poes&iacute;a, en la emoci&oacute;n transvasada a ese lector, en ese paisaje que pasa del poeta al que lee, donde se encuentra la relaci&oacute;n con la m&uacute;sica, y no en el uso de palabras con alg&uacute;n valor musical o en la acentuaci&oacute;n del verso. Vibrando en el fondo, movi&eacute;ndose en un mar que constantemente est&aacute; ayudado por las formas exteriores, se encuentra la diferencia de \"tempo\".<\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">El tema es eterno: la muerte. La muerte de un ni&ntilde;o. Al final del tercer movimiento de la sonata, el clima se mezcla de una hond&iacute;sima ternura desesperada y de un jugueteo suave, tibio, de s&uacute;plica. Los dos primeros tiempos se separan. El primero: en una especie de preludio burl&oacute;n, de tono infantil donde no existe la menor nota, el menor matiz de muerte, ni siquiera en los primeros versos, en los que parece asomar un rasgo nost&aacute;lgico. El segundo: cambia absolutamente el paisaje. Perdido el tono burlesco, ir&oacute;nico, se entra, directamente, y en el primer verso, en un terreno mortal, oscuro, de fat&iacute;dico presagio:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>La sombra de la muerte en el umbral se p&aacute;ra.<br \/>\r\n  Oh dand&uacute;n, oh dand&uacute;n, no le mires la cara.<\/em><\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">Dand&uacute;n es el hijo. Cuando el amor pugna por salir convertido en palabra, y la palabra no brota, quedan s&oacute;lo s&iacute;labas que nada significan para la sem&aacute;ntica, pero que, inciertas, fr&aacute;giles, arbitrarias, est&aacute;n dando todo el fondo tr&aacute;gico de desesperaci&oacute;n que no puede entregar el idioma. Saltan esas s&iacute;labas &ndash; dos, tres, las que sean &ndash; y queda dibujado un nombre: \"<em>Dand&uacute;n<\/em>\", \"<em>bomber&uacute;n<\/em>\", \"<em>burburbur<\/em>\": palabras donde la ternura se acumula, donde la s&iacute;laba no significa sino el inmenso deseo de expresar un amor que no encuentra cauce. Poco a poco, el clima de angustia aumenta. Un estribillo, que anuncia cada cierto tiempo &ndash; por lo menos cada dos estrofas &ndash; la presencia de la muerte, carga de tensi&oacute;n concentrada la atm&oacute;sfera angustiosa del poema. Un hemistiquio se va a repetir constantemente:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>La sombra de la muerte...<\/em><\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">El otro cambiar&aacute;, pero su cambio ha de servir para acentuar, para agrandar la proximidad de la muerte que, en el estribillo final, termina por acostarse en la cama del ni&ntilde;o enfermo. Primero se detiene en el umbral. Luego:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>La sombra de la muerte desde el umbral avanza.<br \/>\r\n  Oh dand&uacute;n, oh dand&uacute;n, t&aacute;pate con las s&aacute;banas.<\/em><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\">Y ya ha llegado:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>La sombra de la muerte est&aacute; junto a tu cama.<br \/>\r\n  S&eacute; bueno, mi dand&uacute;n, mira mejor el alba.<\/em><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\">La muerte mira al ni&ntilde;o:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>La sombra de la muerte hacia ti se ha inclinado<br \/>\r\n  (se ha puesto azul la almohada):... semejan dos hermanos.<\/em><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\">Hasta que termina el estribillo:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>Se ha acostado en tu cama la sombra de la muerte.<br \/>\r\n  Hijo m&iacute;o, dand&uacute;n, ya no me perteneces.<\/em><\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">Y al alejarse el estribillo, el tono cambia inmediatamente. Con la muerte en el lecho, con la sensaci&oacute;n desgarrada de que la vida del ni&ntilde;o no le pertenece, Rosenmann-Taub cambia la hasta ahora relativa calma. Cambia el ritmo: se hace jadeante, en vor&aacute;gine; emplea la reiteraci&oacute;n para acentuar, con ella, el clima de desesperanza, de impotencia. Pugnan las palabras por expresar el dolor, y salen vertiginosas. Reitera la negaci&oacute;n, el verbo, el propio nombre del ni&ntilde;o, y hasta el final de este segundo tiempo, todo brota del poema en un interminable desfile de r&aacute;pidos adjetivos, de fulgentes visiones de impotencia ante la muerte. Por fin, el ritmo vuelve a aquietarse, a serenarse en unos alejandrinos asonantados:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>Desde el umbral el sol, tendido como un perro,<br \/>\r\n  mira la quieta colcha, desciende hasta tu pecho<br \/>\r\n  quieto, avanza a tu rostro p&aacute;lidamente quieto<br \/>\r\n  y en tus ojos cerrados, pone un ciego reflejo,<br \/>\r\n  en tus ojos cerrados, terriblemente abiertos.<\/em><\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">Todo anuncia la quietud, la muerte. La quietud del sol tendido y la inmovilidad del cuerpo en esos terribles, simples, adjetivos: tu pecho \"<em>quieto<\/em>\", tu rostro p&aacute;lidamente \"<em>quieto<\/em>\", \"<em>quieta<\/em>\" colcha. Hasta el verso final, con los dos hemistiquios en contradicci&oacute;n aparente: \"<em>ojos cerrados<\/em>\" y ojos \"<em>terriblemente abiertos<\/em>\", es decir: ojos cerrados para nosotros, sin vida para nosotros, pero terriblemente abiertos para la muerte.<\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">El &uacute;ltimo movimiento - el \"<em>R&eacute;quiem<\/em>\" - est&aacute; cruzado enteramente por otro estribillo que, de la misma manera que en el anterior, sirve para acentuar el ambiente de impotencia ante la muerte. Pero el ritmo es distinto. Los octos&iacute;labos dan al verso un caminar m&aacute;s r&aacute;pido. Aqu&iacute; cabe, naturalmente, el tono huidizo, ligero. Algunos temas de los dos movimientos anteriores aparecen ahora modificados, como dilu&iacute;dos. La ternura se hace mucho m&aacute;s intensa, por lo desesperado de la partida, y el estribillo toma un tono de redoble f&uacute;nebre que destruye todo lo que pueda referirse a la vida del ni&ntilde;o. Si en su vivir el ni&ntilde;o era<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>Felpa de sue&ntilde;o, desvelo,<br \/>\r\n  blanco en blanco, monte blanco,<br \/>\r\n  mucho cardo retorcido,&nbsp;<br \/>\r\n  mucha brisa, poco alado,<\/em><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>nieve poquita, candela,<br \/>\r\n  sin semblante con semblante,<br \/>\r\n  sin voz con voz, oh trataro,<br \/>\r\n  la&uacute;d, dand&uacute;n, soplo, nadie...<\/em><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>Rurrupata, rurrupata,<br \/>\r\n  rodomiel, pupa, runr&uacute;n...<\/em><\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>Upa, triguito, rav&eacute;,<br \/>\r\n  ota naanca, dulzura...,<\/em><\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">el instante de su muerte est&aacute; dibujado en cuatro versos en donde suena, con un tono verdaderamente escalofriante, ese \"<em>tris<\/em>\" definitivo de la separaci&oacute;n, del adi&oacute;s:<\/p>\r\n<p class=\"half-centered\"><em>Ya se cerr&oacute; tris pulsera,<br \/>\r\n  ya se cerr&oacute; tris collar,<br \/>\r\n  aunque siempre te miremos<br \/>\r\n  no te veremos jam&aacute;s.<\/em><\/p>\r\n<p class=\"q3-centered\">Y desde Espa&ntilde;a uno se pregunta qu&eacute; fuerza oculta, qu&eacute; invisible mano, qu&eacute; subterr&aacute;neas corrientes, riegan, siguen tocando y fecundando la tierra de nuestra poes&iacute;a, haci&eacute;ndola siempre nueva y siempre fluyente.<\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"Santiago de Chile 29 marzo 1953 Los Surcos Inundados David Rosenmann-Taub Editorial Cruz del Sur Por Miguel Arteche Los Surcos Inundados, segundo libro de David Rosenmann-Taub, es algo m&aacute;s que una promesa en al &aacute;mbito de nuestra generaci&oacute;n. 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