La Noche Antes

CLXXVII

 

 El carruaje ligero de la noche
Me ayudan
a vestirme.
Listo,
por fin,
de pie,
no me atrevo a salir.

 Debe de ondear la acera
en abusiva gelatina. Temo
asomarme a la puerta:
puede verme
el cochero y llamarme.
La criada, en su reino:
«Churumbel, no se atrase.»

 ¿Libertad?
Ascender
hasta el asiento blando,
dejándome llevar . . .
Las calles agasajan
garapiñosas víboras.
¿Moradas

 o desperdicios? Unta
la niebla los umbrales.
Los caballos
avanzan
como si no pisaran.
Y me quedo dormido:
con abandonos de pestañas gruesas,

 enlutados,
los astros me reciben:
el carruaje ligero de la noche…
Me ayudan
a vestirme.

Listo,
por fin,

 de pie,
no me atrevo a salir.
Debe de ondear la acera
en abusiva gelatina. Temo
asomarme a la puerta:
puede verme
el cochero y llamarme.

 La criada, en su reino:
«Churumbel, no se atrase.»
¿Libertad?
Ascender
hasta el asiento blando,
dejándome llevar . . .
Las calles agasajan

 garapiñosas víboras.
¿Moradas
o desperdicios? Unta
la niebla los umbrales.
Los caballos
avanzan
como si no pisaran.

 Y me quedo dormido:
con abandonos de pestañas gruesas,
enlutados,
los astros me reciben.