País Más Allá

XIII

El grato paragüero: mi tren, y las tarjetas:
boletos de mi tren: qué de estaciones:
el espacio ladrón se disipó;
en mis cuencas del nicho la humedad
ha agolpado sus lágrimas;
contaré las tarjetas: me falta una rosada:
mi tarjeta, yo quiero
mi tarjeta; ¿por qué tiemblan los muebles?;
mamá, ¿me besarás, si me voy a acostar?:
buenas noches, mamá: grandes, tus brazos;
¿por qué tiemblan los muebles?, ¿y esa mano violácea
que por el tragaluz
asoma?,
¿y ese pincel de zuecos, mamá, ese estiramiento?,
y esa mano hurga encima del diván, hurga encima
del mármol de la cómoda,
encima del espejo:
pulida, enmarañada, en el rincón,
se parece a la casa donde duerme la abuela;
¿no te arreglas,
mamá?: ¿debo marcharme
solo?:
¿será viaje o sorpresa?; 
mamá, ¿sabes?, se ha ido
la mano;
¿tú,
mamá, permitirás que salga
a conquistar veredas?,
¿te enojarás?: me enrisco quietecito;
pero no llores, no: mira, ven pronto a verme,
sin traerme magnolias, como a la abuela; tráeme
las tarjetas: rezuman
dentro del paragüero;
y entrégame tu beso, aunque sea de lejos;
entrégame tus brazos, aunque sea de lejos;
calígine, dichoso,
estrecho tu ternura,
y no llores, no llores: estoy bien abrigado.